La sombra

A veces me pregunto si estuvo bien lo que hice, le doy vueltas al asunto, lo cargo por aquí, por todas partes, a veces me digo estuvo bien, me doy motivos, me doy razones y sonrió…

A veces es incierto y no sé que fue, me recuesto, me acurruco entre mis cuentos, mis paisajes justo como lo hacía cuando tenía cinco años, abrazo a la pared, abrazo a mi sombra quien sigue conmigo, aún me da miedo que ella también me engañe y un día decida ir por otro camino y me abandone…

Recuerdo los ojos pequeños de quien fue llamado mi abismo, mi entreabrir de ojos, mi flor de abril, mi amor, mi pesadilla, quien me deshojo echándome al mar, quien tiro de mi y tiro de sí mismo, quien profano el gozo, la caricia y la misma vida, quien se quedo sin nada ¡sin nada!

Expiro poco a poco, exhalo melancolía, ¿dónde está? Ahora que padezco, ahora que duermo, donde está ahora que necesito el cielo, ¿dónde está? ahora que ansío vida, pero somos papel; sí, papel mal hecho, papel roto, papel arrugado, papel con mala escritura, papel… garabato, eso somos o en eso nos convertimos en amor maltrecho, enfermo y dañino.

Siento un dolor en la boca, cocida, llena de espinas, seca, febril, mis ojos cansados de llorar, mis ganas disueltas en el piso, nunca deje mis pies descalzos ¿cómo pudo afectarme tanto? Recuerdo haber tenido el corazón abierto, me volví cómplice de su sonrisa, me volví fiel a sus negligencias, vulnerable, sí; vulnerable, no sólo a él, me volví vulnerable a todo, a mi propia decadencia; contagiosa, que poco a poco me invadía, parte a parte, del exterior a mi interior…

Deje de creer y mirar al horizonte, deje de sonreír, incluso, hipócritamente. No podía dar la cara ni con el rostro llano, ni tristón o angustiado, no podía más, lo había perdido todo. Le echaba de menos, pero me echaba más de menos a mí misma.

Hacia caminatas de horas y horas, la gente me miraba tal como lo estaba: extraviada, perdida, ausente. La gente que con su gesto me lo decían todo, llegaba a casa a platicar sola, ya se me hacia costumbre, se hacia un camino del que no hallaba dirección alguna, estaba siendo lo que jamás creí ser, a lo que jamás le di un nombre, porque ingenuamente no creí convertirme en eso. Sí, en eso, la cosa, una cosa que camina, que aparenta tener alma pero carece de ella, una cosa que come mecánicamente porque si no lo hace muere, que no da vida como las plantas, que vive en una casa como lo hacen los espantapájaros pero no espanta a pájaros sino a sí misma, que a los pájaros tal vez les dé lo mismo que a los otros: pena, conmiseración. Compasión que necesitaba a falta de palabras y de una mirada sincera, regué las plantas que tenía en casa, me bañé, me puse el vestido que me dejo mamá  y que hace tiempo lo tenía sin salir del armario, recuerdo aún cuando mamá me lo regalo y la cara de felicidad que puse, pero al recordar tampoco pude sonreír, saque del fondo del closet un espejo grande que me había obsequiado el tío Marcus, aún tenía una nota en la parte trasera un tanto borrosa, leí “niña de ojos grandes, de mirada luminosa como el día y la noche, feliz día de nada, feliz día de todo” el tío Marcus era el mejor tío que pude haber tenido, dicen que cuando nací papá no estaba, había ido al campo, el tío Marcus tenía 19 años, mamá me dijo alguna vez en frente del tío Marcus la cara de emoción que él puso, que me tomo entre su brazos y me canto de la nada “niña de ojos grandes, de mirada luminosa como el día y la noche, feliz día de nada, feliz día de todo” y así era, un nacimiento más pero que debe ser festejado, y un día cualquiera es así, es un día más que debe ser usado como el mejor tal vez, es de nada y es de todo. Pase mi puño por el espejo en forma circular, lo empañe de vaho y asome mi rostro, me veía bien, un poco recuperada, mis cabellos caían en mi cara en forma de flequillo, tome un labial de encima del closet y me puse un poco en los labios, sin querer, broto una lagrima de mi ojo izquierdo, reconocí un temblor en medio de mi estomago y empecé a llorar, no quería llorar pero lo hacía, me eche en una silla cercana al comedor y sin más  me envolví en mis piernas, de pronto un rayo de luz entro por mi ventana, y dirigí mi mirada al espejo, me volví a ver fatal, cada vez me reconocía menos, o más bien cada vez me desconocía más, enfrentaba mi rostro engañándome, había amanecido de mejor humor pero nada había cambiado en mi, seguía siendo una sombra, sí, una sombra hasta para mí misma, incapaz de reconocer lo que hacía bien, incapaz de buscar entre lo poco que tenia, lo que me gustaba o podía gustarme, me seque las lágrimas y camine hacia la ventana, empuje las cortinas y de la manga izquierda de mi vestido cogí el cordón que tenía atado, ese cordón me lo regalo Marina la tía Marina el día en que ella viajo a Londres, yo me senté en las escaleras del patio trasero a llorar porque la tía Marina se iba y se llevaba a Nikki con ella, entonces la tía iba a paso rápido y jalando a Nikki quien tomaba de su mano derecha, Nikki tenía hechas dos coletas e iba haciendo pucheros, entonces la tía Marina se agacho y me dijo te quiero mucho y saco del bolso de su vestido un listón de color azul turquesa, he ahí mi gusto por el color turquesa, me dijo párate, ándate rápido, voltea, me acomodo el suéter y me hizo una coleta amarrándola con el listón, mientras me decía –ya está, te ves preciosa mi niña, no lloréis, Nikki y yo estaremos bien, y me toco la barbilla, me dijo venga, sonríe y despídete de nikki. Abrace a Nikki como a nadie, ese fue el abrazo más bello que recibí de alguien y que pude haber dado, pero todo en mí eran recuerdos…

Termine de atar las cortinas y eche mi mirada abajo pegando mi rostro en la ventana, realmente era tan alto, (momento en que atisbe en la locura) abrí la ventana y me asome, era altísimo el edificio, el aire soplo y me gusto como elevaba mis cabellos así que empecé a reír, los carros pasaban rápidos sin parar, me detuve un instante a mirar, el tiempo está pasando demasiado rápido o tal vez somos nosotros quienes pasamos demasiado rápido. Sentí ganas de aventarme, saque mis brazos y me colgué de la ventana, no me importaba, en eso sentí una mirada de una mujer de en frente de la calle, era una panadería, ni tan siquiera sabía que había una panadería, llevaba meses guardada sin salir. Gloria me traía comida y hacia la limpieza de mi casa, mal hecha la muchacha pero lo hacía al fin de cuentas, ella hacia todo lo que yo no, la señora de esa panadería empezó a gritarme pero no le oía claramente, así que me enderece y cerré la ventana, desamarre la cortina y me hice una coleta con el listón, hacía tiempo que no me amarraba el cabello.

Decidí salir.

Tome una chaqueta, use el perfume favorito de mamá, tome mis llaves del buro, al menos Gloria era obediente, me dejaba todo en su lugar, agarre mi cartera que tenía todavía el dinero de hacía varios meses antes. Salí corriendo no quería que los de la panadería me vieran, me salió una risita de pronto, al fin sonreía pero esa alegría fantasiosa poco me duro, camine unas cuantas cuadras, compre pizza y refresco, después un cigarro y un par de chicles, en eso me di cuenta que nadie me conocía, sólo Gloria, no tenía amigos, ni uno sólo, sentí varias miradas sobre mí, de esas miradas que te desnudan o que te hacen dudar, me metí los dedos entre mi oreja izquierda, me chupe los labios mientras mi mirada deambulaba, estaba nerviosa, sentí otra mirada y me estiré el vestido me miré a mi misma preguntándome el porqué de sus miradas, me compre otro cigarro y quise volverme a casa, al llegar me fui directo a mi cuarto y me tumbe en la cama, contemple todo, contemple mi vida, pensé en mi nombre, tontamente le hacía honor, esa noche fue la peor, la más larga, me puse el pijama, me lave el rostro, limpie el espejo y lo lleve a mi cuarto, lo puse frente a mí, me acosté dejando la luz encendida, miraba a todos lados, me movía, estaba inquieta, no había ni un estúpido ruido, ni un mosquito siquiera, me miré desde el espejo, como un cuerpo casi sin vida, luego me vi vieja, acabada, triste y sola…

De repente recordé que no había revisado el correo en meses, así que baje a buscar si tenía alguno y así fue, tenía cinco cartas para mí con remitente de Londres, no tenía a nadie en Londres excepto a Nikki y  la tía Marina, cuando abrí el sobre, vi entonces el nombre de Marina, me emocione tanto que la abrí rápidamente y leí –Te mandé una carta, pero no he recibido respuesta, Nikki ha muerto, sé que la querías mucho y por eso te aviso, quiero que vengas a Londres y le lleves flores, que me hagas compañía-, en ese momento me tire en la orilla de la cama, lloré en silencio, suspire una y otra vez, volví a mis sentimientos atroces, a ser la sombra de mi vida, esa sombra que jamás abandonaría.

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