Sin alas pero volando…

Naci siendo un ángel, no elegí serlo pero ¿cómo elegir no serlo?, cuando nací me dieron una cuidadora, para mí mi madre, ella asesino a un hombre y siendo yo su único hijo, hijo de una asesina me desterraron de la tierra, me exiliaron, Cameo el hijo del rey, mando a llamar por medio de una paloma un mensaje a mi madre y a sus hijos (yo, el único) que tendríamos que visitar su palacio a las dos de la tarde… desafortunadamente no llegue a tiempo a por mi madre, cuando la encontré ella yacía en el piso de nuestro hogar, se había cortado las venas, a un lado encontré el dichoso mensaje, me puse a llorar, y justo al levantarme unos hombres entraron a casa, mandados por el rey, me sujetaron fuertemente mientras les suplicaba dejarme despedir de mi madre, pero ellos no entendieron nada ¿qué iban a entender? Si eran un barbaros, antes de entrar al palacio me sujetaron las manos con cadenas y me jalonearon hasta llegar frente al trono del rey. Él me miro socavando todo mi interior, emulsionando su rabia, que no era poca, me dijo que lo mirara a los ojos, tuve que hacerlo sin remedio, después de un par de minutos me preguntó qué era lo que más apreciaba, sin titubear le dije que a mi madre, y él me respondió ella ya no está, ¿qué más te importa? la verdad no sabía que decirle, jamás me lo había cuestionado, tal vez mi casa, pero después pensé por unos segundos que sin mi madre eso ya no era un hogar.
Su hijo del rey, el príncipe Cameo me desafió diciendo ¿Qué tal tus alas? ¿te importan? Y en tono fanfarrón me dijo que estupidez contigo Lobriel, eres un ángel y no amas tus alas, pero quizá sea lo más preciado que tengas estando o no tu madre. Lo miré indignado, con recelo y con los ojos inundados de pena, yo no había elegido ser un ángel y ahora como elegir no serlo, ellos, el rey y su hijo Camus eran ricos, llenos con su palacio, con su poder impuesto a la gente y hasta a nosotros los ángeles, me sentí maldito por ser un ángel, por ser preso de ellos… titubeando le dije si me importan, en eso los hombres enormes a lado mío, me quitaron las cadenas, pusieron un tapete enorme frente a mi, y sin más me arrancaron las alas, yo grite loco, extasiado del dolor, de ese dolor fino y puntiagudo que te deja un cierto placer no acorde al hecho, un placer que el cuerpo haya porque ya no hay más, o quizá sólo la muerte de ese cuerpo. Pensé en morir y sonreí… resoplaba mamá entre tan infinito dolor, comencé a ver todo palidecer, en ello pude ver a Johan la servidumbre del rey, ella me miraba sonrojada y triste, sus manos le temblaban, con trabajo me cargo hasta la cocina, no conocía el lugar, jamás había estado dentro del palacio, ella me limpio una y otra vez hasta quitar toda la sangre que escurría de mi espalda, mientras exclamaba ¡como pudieron hacerte esto! ¿Qué clase de humanos son? Yo apenas y podía mirarla, llego Helena con un pequeño cajón, Johan me cosió la enorme herida, me dolia demasiado, sólo recuerdo mis gritos, gritos que me sanarían, ella me pedía perdón cada que clavaba la aguja con hilo, al terminar me limpiaron con paños por la sangre que aún brotaba y me vendaron. Johan y Helena me llevaron a casa, cuando llegamos mi madre ya no estaba en el piso, días después me enteré que la botaron en el bosque y que fue comida por las aves, tal vez por roedores, me dolía pero nada podía hacer ya. Pasaron días, meses… helena me llevaba todos los días de comer, hasta que un día mis heridas sanaron, Helena me fue a ver, me regalo un cordón suyo, me beso, jamás nadie me había besado, me dijo que mis ojos eran sombríos como los días en ese lugar, que ella estaría bien, que no mataría a nadie, me acarició la cara mientras la miraba fijamente. Me estrecho fuertemente mientras se escurrían lágrimas en su cálido rostro, me brindo comida, agua y fruta para mi camino que habría que recorrer solo, me despedí sin más y emprendí mi viaje. En el camino, lejos ya de aquel lugar, me senté bajo un árbol, comencé a beber agua y comer fruta, en el bolso y vi una hoja entre la comida, la abrí y leí “sin alas que den vuelo, pero libre, caminando fuerte, con sentimientos que vuelan”. Helena.

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