Ella le dijo —si me respondes la siguiente pregunta me quedo­—. Él, la miro embobado, y le respondió —está bien— se notaba que estaba nerviosísimo. Yo los miraba sentada en la banqueta mientras jugaba canicas. Entonces Mirel le dijo —aquí vamos—. ¿En qué me parezco a una estrella? — Juan atónito sólo decía, —ehmm, ehmm—, hasta que la miró fijamente, se enderezo, respiró y sonrojándose le dijo —en lo brillante, eres igual de resplandeciente que una estrella— Mirel movía la cabeza diciendo —No, no, no. Nos parecemos en lo fugaz, pide un deseo porque me voy— Juan se levantó del coche mientras gritaba —mi deseo es que te quedes—. Mirel volvió a sentarse y lo besó, luego acurrucándose en sus piernas de él, le decía —no me descuides porque me pierdes—. Se quedaron mirando las estrellas… mientras yo me alejaba sonriendo y rebotando mi pelota.

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