La parsimonia de los besos.

La lentitud perseverante y complaciente. Nuestros huesos no se enderezan y las venas queriendo reventarse. La parsimonia se enreda en una lengua de seda, la seda no amarra pero sujeta. No se puede decir que no hay sostén cuando los pies del otro están tibios y fuertes, no se puede decir que no hay amor en el otro cuando no es nuestro corazon el que lo siente.

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